PERDIENDO SE GANA

El cuento se basa en probables hechos reales, pero los personajes y las situaciones aquí descritas, son totalmente ficticias.

PERDIENDO SE GANA

– ¿Qué te pasa?
– ¡Tienes una amante!
– ¿Si?
– ¡Sí! Te descubrí con ella en el restaurante y la mirabas
– La miraba y ¿cómo la miraba?
– Como no me has mirado a mí y te odio
– ¿Me odias porque la miraba?
– ¡Sí!
– ¿Y quieres que ya no la mire?
– Quiero que te alejes de ella, que ya no la veas más, que…
– Está bien. Yo no quiero que me odies
– Pues te odio y ya no quiero verte más.

Ella se alejó furiosa. Su dolor y decepción eran gigantescos y llenaron la habitación como una nube gris. Él se quedó solo.

Ella volvió más tarde y seguía molesta. Él no dijo nada de momento y esperó a que ella le hablara primero.

– Quiero el divorcio, tú ya no me amas. ¡Vete con ella!

Él no contestó y ella se enfureció aún más

– ¿Porqué? ¿desde cuándo la conoces? ¿desde cuándo me engañas con ella?
– No te engaño con ella
– ¿La amas?
– Sí, no, no lo entenderías
– Pero qué cínico eres, qué miserable, ¿cómo me dices que la ves y al mismo tiempo que no me engañas? ¡Cobarde! ¿me crees estúpida?
– Quiero explicártelo, pero antes debes entender, te amo a ti y eres mi esposa y por eso necesito que hagas algo antes de que tomes una decisión precipitada, yo sabía que esto iba a suceder así que ya preparé el lugar y la forma para poderte explicar mi sentir y la forma en la que yo miro las cosas. ¿Podrías empacar un poco de ropa? Nos vamos a una cabaña, en lo alto de las montañas, en donde estaremos bastante tiempo y sobre todo, estaremos solos, tú y yo, nada más.
– ¿Estás loco? Y ¿mi trabajo? ¿tu trabajo? ¿los hijos? El próximo fin de semana es el cumpleaños de mi mamá ¿por cuánto tiempo nos vamos a ir?
– No lo sé, depende de ti y de cuánto tiempo necesites
– ¿Para qué?
– Para que yo te recupere, para no perderte

Ella lo miró con suspicacia. No estaba convencida de lo que él planeaba
Él continuó- ¿no quieres intentar salvar nuestro matrimonio? ¿crees que solo con divorciarte de mí ya serás libre y feliz? ¿no crees que sea sólo una salida fácil y simple?

Ella se sacudió y con un temblor de voz le contestó

– Tú tienes una amante, lo has confesado y no lo niegas, yo ya no sé qué pensar de ti, te odio, me has ofendido y lastimado profundamente
– Si, lo sé, pero estoy ofreciéndote una oportunidad de salvar nuestro matrimonio
– ¿Tú me estás ofreciendo una oportunidad?
– Yo quiero intentarlo ¿tú no?

Ella lo miró y encontró en sus ojos una súplica intermitente, una mirada dulce y llena de ternura. También estaba lastimado, eso lo podía ella intuir, pero no… ella se sentía ofendida y aún furiosa.

– ¡Olvídalo! ¡quiero el divorcio y ya! ¡quiero que te vayas de mi vida para siempre! Esta ofensa no te la perdono.

El volvió a mirarla con una súplica suave, pero se levantó y salió del cuarto, regresó un rato después, ella estaba llorando amargamente y él sin decir nada, le dejó un libro en su regazo y se fue.

Ella miró el libro que él le había dejado, el título “CORAZON EN RUINAS” le hizo sonreír un poco, lo miró con curiosidad, pero de pronto, lo lanzó lejos, se levantó furiosa, se peinó el cabello y secándose las lágrimas, decidió ir a ver a su madre. Necesitaba consuelo y su mamá la mimaría y la escucharía, sí, eso era lo mejor. Iría a ver a su mamá.

Su mamá la consoló como mejor pudo, la apoyó en su decisión y le agregó algunas ideas más de cómo empezar el trámite de divorcio, le sugirió un pariente cercano que era abogado y finalmente ella, ya un poco más serenada, regresó a su casa.

Él no estaba, seguramente estaría con su amante y eso le llenó el corazón de amargura. Cuando entró a la habitación, en un rincón, estaba el libro, despatarrado, abierto y derrumbado, como ella misma se sentía, lo tomó y sin mirarlo dos veces, lo dejó sobre el buró, no estaba con ánimos de leerlo.

Llegó la noche, pero él no llegó, los hijos estaban fuera, así que se quedó sola en la cama, mirando la televisión, era un programa aburrido y ya tenía demasiadas cosas en la cabeza como para prestarle atención a la trama, así que mejor la apagó, miró el libro en su buró y decidió leer un poco.

Desde la primera página ya empezaba a interesarle:

”El divorcio es en definitiva, la salida más fácil y más efectiva para solucionar el problema, las parejas se casan y se divorcian y eso es lo más natural y razonable si la situación matrimonial se ha deteriorado hasta tal grado que no haya ninguna solución posible…”

– Estoy de acuerdo – pensó ella, definitivamente mi situación no puede ser peor y siguió leyendo.

“Entendamos primero, que en este compendio sólo revisaremos una de estas situaciones y observaremos que no todos los casos son iguales, sin embargo, algunas de estas situaciones a las que haremos referencia sí pueden ser solucionadas sin llegar al divorcio, pero solo si tenemos una actitud positiva y consciente de que realmente queremos soluciones y no sólo salidas fáciles”

Ella hizo un mohín de disgusto, ¿salida fácil? – pensó – El divorcio no es una salida fácil ¿o sí?, siguió leyendo, el tema le estaba atrayendo de alguna forma.

“El divorcio se ha visto como una alternativa y las parejas que por cualquier motivo se ven a sí mismas, insatisfechas, incomprendidas…”

– ¡Ah! Ya entiendo, es de “ésos” libros… Lo dejó a un lado, sus ojos llenos de lágrimas le impidieron seguir leyendo – ¡Definitivamente es un cobarde, prefiere que lo lea antes de decirme que lo siente y que es culpable!

Pobre libro, volvió a volar al rincón, despatarrándose patéticamente, pero algo en esa imagen del libro así, la hizo animarse a levantarlo y a abrirlo nuevamente.

“En este libro, trataremos el tema de los celos y ofrecemos una explicación para comprender la gran importancia y relevancia que tienen dentro del contexto matrimonial, tanto para persona que sufre los celos, como para la persona que los provoca”

– A ver, a ver… ¿celos? Un momento, yo no estoy “celosa” … él me está engañando con otra y es una rata miserable… ¡Esos no son celos! ¡Eso es traición!

“¿Qué son los celos? Descriptivamente son una respuesta emocional que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo o alguien que considera de su propiedad.”

– ¡Claro! Es mi marido, ¡mío!

“Los celos surgen desde la infancia, cuando el objeto que le es de interés al infante, le es retirado violentamente y él desea continuar poseyéndolo, de allí nace el llanto por recuperarlo y lo normal que sucede casi siempre, es que le damos otro objeto para que se distraiga y olvide al primer objeto y su atención se centre en un segundo objeto”

– ¿Qué?… ¿es decir que soy una berrinchuda?

“En los celos sucede algo similar, el objeto de nuestro interés y posesión, nos es retirado violentamente y deseamos a toda costa recuperarlo, o de lo contrario, nos hundimos en un drama depresivo y ahora queremos cambiarlo por otro de mayor interés, tratando con ello de quitarnos la sensación de traición”

– ¿Sensación? ¡Es una traición!

“Esta sensación, aunada a la incomprensión y a la ofensa, convierten al objeto poseído anteriormente con tanto interés, en algo secundario, incluso inútil. En los infantes, al perder el interés en el objeto primario y concentrándose en el objeto secundario, el objeto primario pierde no sólo en importancia, sino que obligadamente es relegado al olvido.”

– ¡Vaya! Ahora resulta que son “objetos”

“Los celos van ganando complejidad, conforme la persona va creciendo y madurando, tanto los objetos como las personas van ganando en interés e importancia, por lo que la pérdida también se vuelve más compleja y dolorosa. Si un ladrón roba algo de mayor o menor importancia para una persona, la pérdida de ese objeto puede resultar en un trauma difícil de superar, hasta que es sustituido.”

– ¡Sí, es cierto! Ella es una ladrona, se ha robado a mi marido.

“Pero regresemos a los infantes y la pérdida del objeto primario y la sustitución por un segundo objeto, convirtiendo al primer objeto en algo inútil”

– Un momento ¿un objeto inútil? Mi marido no es un objeto inútil ¡No!, bueno es un traidor… ¿o me lo robaron? Ya me estoy confundiendo.

“En este momento podemos definir a los celos como un temor a perder el objeto primario y vernos obligados a sustituirlo por un objeto secundario. Nadie quiere que le roben o le quiten algo que considera importante o de alto interés en su vida y después tener que invertir en un objeto secundario, aunque desde infantes, hemos sido condicionados a ello. Nuestro interés se centra en el objeto primario y luego somos distraídos hacia un objeto secundario, perdiendo por completo el interés en el primario y el nuevo interés también nos es retirado y sustituido por otro y así, sucesivamente, continuamente”

– Creo que voy entendiendo, los celos son el temor a perder algo, o a alguien y luego vernos obligados a sustituirlo, ¿sustituirlo?

“No queremos perder y la obligación también es ofensiva, dolorosa y molesta, entendiéndose que los celos son una respuesta emotiva a todos estos efectos y resultado de la primera pérdida, previniendo o tratando de prever una segunda pérdida, con las consecuencias antes descritas”

– ¿Es decir que estoy celosa porque no quiero perder a mi marido y verme obligada a encontrar un “sustituto”? ¡Que risa! ¡Seguro que no! Si me divorcio, no buscaré otro inútil como mi marido… ¡un momento! ¿acabo de nombrar a mi marido “inútil”? hace ratito dije que no era inútil…

“Comprendiendo el tema de los celos y su origen, continuaremos con el tema de la propiedad de los objetos. ¿Qué es realmente la propiedad o apropiación de un objeto? Durante la segunda guerra mundial, a las víctimas les quedó bastante claro que habían perdido absolutamente todo lo que poseían, su casa, sus muebles, su ropa, hasta su familia, lo único que podían decir que poseían era su vida y ésta misma estaba en alto riesgo de perderse y la mayoría de las veces, hasta eso perdían, su vida. ¿Realmente que es lo que poseemos? Pensemos seriamente en ello y con profundidad. Decimos “mío”, “mi”, “a mí”, “para mí”, esperanzados en una propiedad sin límites ni condiciones, un algo que será permanente, infinito y solo de mi “propiedad”, como si realmente existiera algo así, pero no es así y en el fondo lo sabemos.”

– Muy cierto, si lo vemos así… Entonces ¿mi marido no es “mío”? y ¿mis celos son miedo a perderlo y verme obligada a algo que no quiero? ¿qué es lo que quiero?

Cerró el libro un momento, se quedó pensando en estas últimas preguntas, algo en su interior la urgía a responderlas y no sabía cómo.

– No quiero perderlo todo, en la guerra las víctimas lo perdieron todo y solo así pudieron entender que no poseían nada, ni siquiera su vida, pero ¿cómo? ¡no entiendo! Y al mismo tiempo suena real, muy real. No puedo imaginarme perderlo todo, mis hijos, mis padres, mi casa, todo y de pronto verme completamente abandonada, sola, perdida, sin nada. ¿No puedo imaginarlo? Es terrible, pero ellos si lo perdieron todo.

Nuevamente las lágrimas aparecieron en sus ojos, pero esta vez, eran lágrimas diferentes. Se levantó y se miró frente al espejo, pensó en el divorcio y la comparación con las víctimas de la guerra, se sintió como ellas, perdida, sin nada, sola. El divorcio no era así ¿o si?, perdería a su marido, pero al pensar en sus hijos, ellos perderían a su padre, pensó en su madre, ella perdería una parte de su hija también, a la hija casada y ella misma perdería una parte integrante de sí misma, se perdería el hogar. El divorcio era un fracaso, una pérdida, algo lamentable, no agradable como le habían dicho sus amigas… No era ganar una “libertad” era solo una búsqueda de un “sustituto”…

Ella no había pensado en el divorcio así, solo pensó en la traición y en la ofensa que le había hecho “su” marido y ahora viéndolo desde otra perspectiva, ¿qué tan “su” marido era?

Un sabor amargo completó su malestar, se sentía muy confundida, sentándose en la cama tomó el libro nuevamente y siguió leyendo.

“La propiedad es plenamente un sistema político, que desde la educación primaria en la cultura occidental se inculca, con el fin de crear necesidades en el subconsciente, la necesidad de tener una casa, un auto, un tipo específico de vestimenta, una moda, etc.”

– ¡Qué curioso! Precisamente es en lo que estaba pensando, no me gusta vestirme de traje sastre, pero es la “moda” y así debo vestirme para ir a trabajar.

“Se crea esa dependencia a la propiedad, desde la familia educando a los hijos, procurando que cuiden “su” uniforme, cuiden “sus” libros, van a “su” escuela, es “su” maestra, etc., el niño ve en todo ello la primicia de su propiedad y la “defiende” de que se la quiten para evitar que sus papás lo regañen por perder “sus cosas”, sin embargo, la escuela es la escuela, no “su” escuela, los libros son libros, no “sus” libros y la maestra, es la maestra no “su” maestra. Ellos absorben esta cultura y crean sus “propiedades”, es decir, crean sus necesidades a partir de lo que consideran “suyo”. Al no poder identificar lo “suyo” de lo que no lo es, comienza el predicamento de cómo defenderlo como algo propio. En un experimento realizado a varios niños, un grupo de ellos se quedó en una sola escuela durante los 6 años de la etapa primaria y otro grupo fue cambiando de escuela cada año. Los niños que estuvieron en una sola escuela en la etapa primaria, tuvieron un grave descenso educativo al entrar a otra escuela en la etapa secundaria y tardaron mucho tiempo en adaptarse a la nueva escuela, en cambio el grupo de niños que cambiaba constantemente de escuela, no tuvo ese mismo problema.”

– Eso sí lo entiendo, yo tuve que cambiar mucho de escuela y no me costaba trabajo encontrar nuevas amigas y mi hermano que estuvo en la misma escuela por mucho tiempo, cuando lo tuvieron que cambiar de escuela entró en una fea rebeldía y estaba muy asustado. Yo no lo entendí en su momento, para mí era indiferente una escuela de otra, pero para él fue terrible el cambio y le dolió mucho.

“La renegación al cambio y la pérdida de la propiedad puede causar grandes estragos en el ego y considerarse traumático, lo que posteriormente puede traducirse en celos y frustraciones, causados por el temor a la pérdida”.

– ¿Celos? ¡Frustraciones! Pero que cierto es esto. Estoy celosa y frustrada, definitivamente. No puedo creerlo, este libraco sí que es interesante.

“Continuando con el tema de los celos y su relación con la pérdida, la persona que los sufre es alguien cuya dependencia hacia la propiedad está muy arraigada, pero si comprende que en realidad esta dependencia hacia lo que considera “suyo” es una relación enfermiza hacia el objeto y que puede perderlo definitivamente, con o sin su aprobación, el temor a perderlo se disipará si sabe que no es “suyo”, que no existe tal relación y la dependencia hacia ello es solo una creación de su educación desde la infancia.”

– Entonces ¿no tengo nada? ¿en realidad nada es “mío”? ¡Es inconcebible!

Miró a su alrededor, su cama, su ropa, sus zapatos, la lámpara, el tocador…

– ¿Y si de pronto cayera un rayo y se quemara todo? ¿si hubiera un terremoto terrible y se derrumbara la casa? ¿mis zapatos? ¿mi ropa?

En ese momento se sintió tan frágil como una gota de agua tambaleante en la orilla de un vaso.

Se imaginó a sí misma en la calle, frente a una casa derrumbada, perdiéndolo todo y en un mar de llanto, se detuvo de repente.

– ¿Qué haría yo después? ¿Cómo saldría de eso? ¿Podría?

Algo en su interior se removió violentamente.

– ¡Claro que podría! No sería la primera vez que tuviera que empezar todo de nuevo…

Su corazón se agitó nervioso. Estaba por entenderlo. Nada es para siempre, todo cambia, nada es tuyo permanentemente, es más, en realidad nada es “tuyo”, nada, ni siquiera tus hijos, ni tu madre, ni tu vida… ¡ni tu vida!

Esta vez tomó el libro y leyó con gran avidez.

“Al perderse ese sentimiento de propiedad y discurriendo en su interior, la persona que sufre celos puede revisar y observar de forma minimizada el objeto de sus celos y entender que los mismos, son infundados”

– Pero “mi” marido me traicionó con otra mujer… bueno veamos en el interior, no es “mi” marido, es un marido… ese marido, aquel hombre con el que me casé, si, en fin no es de mi propiedad, esto es cierto, no es “mío”, bueno, pero ¿y la traición? Si lo vemos así, pues no hay “traición” pues no es “mío” ¿será cierto?

Por algún motivo extraño, se sintió un poco mejor y siguió leyendo.

“Cuando los celos van dirigidos hacia una persona, el tema se vuelve mucho más complejo, sin embargo, las raíces son básicamente las mismas. La persona celosa que cela a su pareja, o a sus hijos, o a sus padres, no es muy diferente a la persona que quiere “defender” íntimamente lo que considera como “suyo” y prevenir que se lo “quiten”. La pareja, los hijos, los padres y cualquier persona no es un objeto, por lo que claramente no se puede “poseer” en el sentido estricto, pero en la cultura occidental sigue la creencia de que son “nuestros”, nuestros hijos, nuestros padres, nuestro esposo (a) etc., como si fueran autos, o joyas, lo que por supuesto, no es así, pero nos ha sido inculcado de esta forma.”

– Eso ya me quedó claro – pensó frunciendo el ceño – Ni mis hijos, ni mi mamá, ni mucho menos mi marido, son míos en el estricto sentido de la propiedad, pues no son objetos, son personas y si las cosas se pueden perder por robo, extravío, o destrucción, pues mucho más aún las personas, que además pueden decidir por sí mismas, si se quedan o se van.

Esto último la dejó sentada sobre concreto. Su hijo mayor se había ido al extranjero a estudiar y desde que se fue sintió un profundo vacío, pero se sobrepuso y entendió que era el futuro de su hijo y ella misma deseaba que él fuera feliz…

– ¡Qué fácil me deshice de mi hijo! – pensó

“Las personas, al ya no ser consideradas como objetos, culturalmente han cambiado y hoy en día defienden su libertad y su integridad como individuos, resolviendo por sí mismos y decidiendo su forma de vida, independiente y veraz, de acuerdo a sus propios principios. El hecho es que ni la persona celosa, ni la persona celada, permiten que sean vistos o manejados como objetos o como propiedades”

– Ni la persona celosa ni la celada, permiten verse como objetos – repitió ella – ¡Que increíblemente cierto! Yo no permitiría que mi marido me viera como objeto… ¿porqué hago yo lo mismo con él? ¿Porqué?

“La persona celosa considera como traición cuando la persona celada tiene otra relación, sea esta amorosa o simplemente amistosa, incluso si se trata de una relación filial. Una persona celosa considera la falla de la persona de su celo como inequívoca señal de que ya no la ama, o de que ya no le “pertenece”. En general, la persona celosa se aleja, frustrada y dañada, considerando que la persona le ha “fallado” de alguna forma y que ella la ha “perdido” también de alguna forma. Si lo vemos desde el punto de vista cultural y educativo, la persona celosa ha dependido de un “objeto-propiedad” y el temor a la pérdida lo ha trastocado hasta el fondo. Entiéndase con esto, que la persona celosa no ha perdido en realidad nada, ni ha sido traicionada en ninguna forma, si la persona celosa comprende que la persona celada no es un objeto y por ende, esta persona puede cambiar y proceder de forma diferente cada vez que quiera, pues la individualidad y la independencia son intrínsecas al hecho de ser personas y tanto el celoso como el celado, son iguales en ese aspecto”

Ella, ya plenamente consciente y comprendiendo ya de fondo el por qué su marido le dejó este libro en su regazo, sintió que él le estaba hablando a través de estas líneas, no se trataba de un perdón, sino más bien de un respeto a su individualidad y a su independencia.

– ¿Quiere esto decir que debo permitir que mi marido ande con otra mujer y frente a mí? ¡La locura! ¿y mi dignidad? Sería la burla de todos, este libro es un asco.

Azotó el libro sobre la cama, ya no quería seguir leyendo, pero algo en su interior se removió rebelde, algo quedó en su mente inconcluso. Quiso dormir un rato, pero las pesadillas comenzaron a dominarla.

La guerra, perder todo, no existe la propiedad de nada, ¿independencia? ¿individualidad? Yo no soy celosa, estoy y sigo furiosa solo de pensar en él, en otra cama, con esa…¡esa! Maldita ramera, no es mi marido, perder todo, ¿mi ropa? ¿mi casa? ¡miedo! ¡no tengo miedo!

Se despertó sudando en frío, que horrible sueño y miró el libro en el buró, sintió un temblor, no quería abrirlo, ya no lo leería, estaba mal lo que leía, estaba mal lo que mencionaba.

– No puedo permitir que mi marido se burle así de mi – pensó y nuevamente las lágrimas afloraron a sus ojos, el dolor que sentía se traspasaba hasta su piel, que ardía como fiebre.

– ¿Porqué? ¿Porqué? Gritó y en su interior algo terrible se abatió.

– ¿Qué fue lo que hice mal? ¿desde cuándo andará con ella? ¿En qué me equivoqué? ¿cuándo lo perdí? Dios… ¡ayúdame!

El llanto se le ahogó en la garganta, no podía gritar, llorar, sentía que se le rompía todo en su interior, sentía que se le desgarraba el alma.
Agotada se quedó dormida en cuclillas recostada sobre el libro.

Cuando finalmente despertó, sintió el rígido borde de la cubierta y pudo ver que el libro estaba empapado de sus lágrimas, lo sacudió y lo secó un poco con la cobija, lo volvió a abrir en la página en la que se había quedado.

Releyó el último párrafo:
“Entiéndase con esto, que la persona celosa no ha perdido en realidad nada, ni ha sido traicionada en ninguna forma, si la persona celosa comprende que la persona celada no es un objeto y por ende, esta persona puede cambiar y proceder de forma diferente cada vez que quiera, la individualidad y la independencia son intrínsecas al hecho de ser personas y tanto el celoso como el celado, son iguales en ese aspecto”

– Sigo sin entender del todo – pensó – ¿cómo es que no he perdido nada? ¿cómo es que no he sido traicionada? Si anda con esa, es porque yo… ¿yo? ¿por qué yo? No, él y solo él, definitivamente él. ¿Él me falló, yo le fallé? ¿los dos fallamos?

“La individualidad y la independencia de cada persona en lo particular y en lo general no se establece en sus actividades y en sus intereses. Una persona en realidad es un sinfín de facetas, desde profesionales, culturales, emotivas, creativas, imaginativas, no es solo un cuerpo, sino un infinito de posibilidades. Uno no puede establecer la identidad de una persona con solo leer su currículo, o con solo mirar su fotografía, con solo hablar con ella, o con solo estar allí. Una persona puede ser mil al mismo tiempo y al mismo tiempo recoger mil más, puede mirar, observar, pensar, crear, todo en un mismo instante. El ser humano y cada uno, son infinitos y no se les puede limitar a lo que su historia y su figura representan.”

Tuvo que volver a leer este último párrafo.

– ¡Vaya! Ya se está poniendo metafórica la cosa, ¿cómo se puede ser una persona y mil? Espero que sea más explícito, de lo contrario será aburrido y odio los libros aburridos.

“La identificación más clara de las facetas de una persona, en este caso, de su personalidad como ser independiente e individual, se pueden apreciar de manera más explícita en los genios y en especial en las personas con dotes artísticos, en donde la rareza de su comportamiento es evidente y la expresión de su arte y de sus visiones, son claras evidencias de sus múltiples facetas, que no es lo mismo que sus estados de ánimo, sino más bien, de lo que quiere expresar, de sus formas de sentir, de lo que ve y de lo que piensa, que en definitiva, es un punto de vista diferente al preestablecido, o culturalmente permitido”

O.K. todos somos diferentes, eso ya lo sé.

“El hecho de que una persona, figurativamente hablando, tenga mil facetas no puede dejar claro cómo es que la cultura, cuya influencia tiene repercusiones en la persona de edad adulta, también influye en éstas facetas. Una persona individualmente puede sentir y puede compartir lo que siente y la otra persona puede simular sentir lo mismo, a partir de lo que la primera le ha expresado, por ejemplo: con el clima, si hace frío, una persona explica que siente frío y la otra, comparando puede expresar que también siente frío, pero no es el mismo frío sino una expresión del mismo en dos personas totalmente diferentes, aunque puede decirse que sí es el mismo frío, pero cada una lo siente de forma diferente. Es decir, la percepción es individual e independiente.”

– Ajá y ¿qué con eso? Yo siento frío y el otro también, ¿eso qué? Hace frío, pues.

“Si el frío lo trasladamos a otras sensaciones, puede ser más clara la independencia y la individualidad. Algunas personas prefieren el frío al calor, otras prefieren el sol y no soportan el frío. Siendo algo tan simple como este ejemplo del clima, se podría entonces comprobar que el sentimiento es muy particular y muy personal, como así también la expresión del mismo, convirtiendo el tema en un sinfín de explicaciones y de comprobaciones, sin posibilidad de alcanzar una conclusión, así es como se presenta a una persona con un sinfín de facetas.”

– Muy bien, me queda claro que una persona tiene mil facetas, o más bien, un sinfín de facetas, me parece que voy entendiendo.

“Lo infinito de estas facetas, va aunado a lo particular de las mismas, cuya individualidad e independencia, resaltan la personalidad única y especial”.

– Otra vez, se pone metafórico esto y no me gusta, pero bueno, sigue siendo interesante. ¿Cuándo regresará a los celos? ¿Son los celos solo una faceta más?

“Sin embargo, una persona que no ha reconocido su individualidad y el potencial de sus facetas, tampoco puede reconocerlas en otra persona. Si regresamos a la educación primaria, en la que se nos da un objeto y luego nos lo quitan, para darnos otro y distraernos del primero y así sucesivamente y luego nos educan para “tener” y “poseer”, para “cuidar” y “defender” estas posesiones, difícilmente podremos discernir en nuestro ego, lo que tenemos de lo que tienen los demás, lo que poseemos, de lo que poseen los demás, creemos que el frío es universal y que todos sienten lo mismo, o por lo menos que “tienen” el mismo frío y es muy difícil comprender que tienen “otro” frío, diferente.”

– ¿Cómo? El frío es frío y ya, pero creo que voy entendiendo. Mi hija desde pequeña se quitaba el suéter cuando yo la tapaba como tamal, yo sentía mucho frío, pero ella no. Más tardaba yo en ponerle el suéter, el gorro y la bufanda, que ella en quitárselos, pero con mi hijo era diferente, el sentía más frío que yo y quería que lo tapara más. ¡Vaya! Es cierto, son facetas diferentes del mismo frío en personas diferentes. Ya veo, el tema de la individualidad me parece ya más claro. Sí es el mismo frío, pero…

“En la persona que sufre por celos, el ego juega un papel preponderante, considera desde sí misma, que la persona celada debe sentir lo mismo, debe pensar lo mismo y debe saber lo mismo, lo que en las líneas anteriores queda demostrado que no es así. La persona celosa culpa a la persona celada y luego se culpa a sí misma, creando un fatal círculo vicioso, en donde ni la persona celada, ni la celosa están conscientes de su individualidad e independencia, ni mucho menos de sus facetas y de su personalidad, privada y particular.”

– Esto creo yo, que quiere decir que él debe sentir lo que siento yo y si no es así, primero me echo la culpa y luego lo culpo a él y luego de nuevo a mí y así… ¿pero que culpa tengo yo de que él la haya encontrado, o de que él se haya enamorado de ella, o de que…? ¡Ah! Cierto, hace un rato me pregunté en qué había yo fallado y luego qué había yo hecho mal… si, es cierto, primero me eché la culpa yo y ahora quiero echarle la culpa a él, seguro que al rato me vuelvo a echar la culpa a mí y se convierte en ese círculo fatal que menciona el libro.

“Es preponderante que la persona celosa comprenda en primer lugar sus celos, que aunque estén ciertamente fundados y seguramente le hacen daño, no son “posesiones” o algo que debe “tener”, no son objetos y menos aún sentimientos que se “tienen” a favor o en contra”.

– Por eso decía yo, que no soy celosa… ya tengo hambre, no me había fijado de la hora, ¡qué horror!

Se levantó y casi sin darse cuenta, se preparó unos alimentos sencillos. Regresó lo más rápidamente posible, quería seguir leyendo el libro, porque sin saber el porqué, le llamaba, le estaba abriendo un poco una idea y ésta se estaba anidando muy cerca de su corazón. Era algo que en verdad necesitaba en este momento y sentía consuelo. Alguien, en este caso el autor del libro, parecía entenderla, parecía saber más que ella sobre este asunto y sobre todo, parecía que tal vez y solo tal vez, podría contestar los terribles porqués que la estaban lastimando tanto.

“Se precisa en este punto, hacer un paréntesis con respecto al tema que estamos tratando, básicamente el tema de los celos, para así poder extender el giro que tomará el texto siguiente, para ello debemos poner en antecedentes al lector. El objetivo de este ejercicio, es y será, que el lector reciba una orientación. Por un lado, recibir de forma menos interpretativa y más creativa, ideas que le sean acordes a su proceder y a su pensamiento, es decir, más adecuados a su sentir y por otro lado, permitir que la individualidad de su personalidad sea la más competente para resolver el conflicto sentimental en el que se encuentra.”

– ¿Y cómo saben éstos en dónde me encuentro? ¡Ah! Esa es la forma creativa.

“Pedimos al lector que tome una libreta y un bolígrafo o lápiz, para que pueda escribir el siguiente cuestionario, el cual contiene 5 preguntas abiertas, que solo él (o la) interesado (a) deben responder.”

– ¡Ay! ¡Ya empezamos con los “tests”, los odio y él lo sabe! Pero bueno, ya llegué hasta aquí…

“1. ¿Qué sabes de ti mismo (a)?
2. ¿Por qué no te gusta algo? (Cuidado, no preguntamos qué es lo que no te gusta, sino por qué)
3. ¿Podrías definir un paraíso solo para ti?
4. ¿Qué es lo más pequeño que puedes ver y por ende qué es lo más grande?
5. ¿Podrías hacer algo diferente, lo que sea, solo que totalmente diferente?
Las respuestas son solo para él o la interesada, no son prueba, ni tampoco se calificarán de ninguna forma.”

Ella hizo un mohín de disgusto.

– Nunca me han gustado las pruebas, pero dicen que no es una prueba. Las preguntas son tontas, bueno, no tanto… ¿qué sé de mi misma?… no sé, algo, me gusta el chocolate, ¡Ay, que aburrido!

Quiso contestar algo más, pero realmente se quedó atorada. No eran tan tontas las preguntas, después de todo.

– ¿Lo más pequeño? ¿Un bicho? Y ¿lo más grande? Pues una montaña, creo. ¿Algo totalmente diferente? Huy, pues caminar con las manos…

No pudo evitar el sonreír, e intrigada por las respuestas, siguió leyendo.

“Con toda seguridad, el lector (o lectora) han hecho uso de su creatividad para poder responder a las preguntas, como así también y muy someramente, han respondido lo más acertadamente que pudieron.
El hecho es que cada persona ha tenido una respuesta, pese a que las preguntas en principio no buscaban ninguna respuesta, solo una imagen que resaltara la personalidad y la individualidad del lector. El interés mostrado da pauta a la última pregunta, misma que siguiendo el tenor del ejercicio anterior, no busca una respuesta, sino más bien una imagen que resalte la personalidad: ¿Qué es lo que quieres? y seguramente, después de las preguntas anteriores y del esfuerzo realizado, la pregunta tendrá una respuesta, que por supuesto, es la más cercana y adecuada a la personalidad del lector.”

– ¡Dios mío! Qué certeza da este ejercicio, tienen razón… no sé si puedo decir con una imagen qué es lo que quiero y pero visto así, creativamente, crear, imaginar, ¡qué interesante!

Se estaba entusiasmando por el ejercicio, así que volvió a las preguntas y trató de responderlas con mayor seriedad y concentración. Momentáneamente se sintió aliviada y distraída de la situación en la que estaba. Los pensamientos dolorosos y aniquilantes estaban diluyéndose y algo incomprensible, pero sutil le estaba guiando hacia un nuevo camino y se dejó llevar, tranquilamente. El dolor que atenazaba su garganta pocas horas atrás, había desaparecido.

“Regresaremos al tema que nos interesa. Si la persona que sufre tiene motivos para sufrir, la persona que la hace sufrir, también sufre, a esto se llama empatía y puede parecer un evento singular, pero es mucho más común. La persona que sufre celos está bajo un espectro depresivo y dominante que la está dañando internamente, su mente ha construido una barda y cualquier explicación posible, es inmediatamente rechazada, por lo que no permitirá ningún tipo de explicación y los síntomas depresivos van de leves a graves en lapsos repetitivos muy intensos, lo que termina conduciendo a un agotamiento físico y mental. La persona celosa sufre graves estragos psíquicos y la persona celada se hunde en la incomprensión y incomunicación.”

– Sí, es cierto, he visto eso con mi amiga que es muy celosa y trata a su novio como si fuera un cachorrito, no lo deja ni para ir al baño solo y cuando él ha tratado de dar alguna explicación, ella no escucha, ni comprende, ni nada, se cierra definitivamente y ambos sufren en una relación terriblemente conflictiva. Qué feo es eso y aunado a la falta de confianza, no, en verdad lo veo muy patético y no entiendo cómo es que siguen juntos, yo opino… ¿cómo me atrevo a opinar si ahora yo misma estoy en una situación horrible, de celos y de traición?

Se quedó pensando un momento – creo que ya voy entendiendo, es cierto, la falta de confianza, ambos sufren, si, ya veo…

“Aún a sabiendas que los celos son altamente dañinos, también son naturales y espontáneos y como hemos aclarado anteriormente, también son además producto de una educación y de una cultura, lo que amplía el espectro y la respuesta dentro una relación conflictiva.”

– Mi relación no es conflictiva, creo, yo no sabía que lo era, no comprendo.

“En una relación tormentosa, los celos de uno u otro, incluso de ambos, llevan tarde o temprano a la ruptura de forma violenta. Un programa de reforzamiento de autoestima es muy útil, como así también los consejos de un terapeuta, pero lamentablemente pocos son los que acuden a este tipo de ayuda. Consideran que una vez demostrado el hecho y la traición, ya no hay nada que se pueda hacer y que todo está perdido de forma definitiva, lo que conlleva un mayor deterioro en la autoestima y mayor desconfianza.”

– Yo no necesito ayuda de un terapeuta y no, bueno, no soy violenta y mi relación tampoco es conflictiva y… Espera, espera, sinceramente me estoy negando a todo, es exactamente lo que dice el libro que le sucede a los celosos, eso quiere decir que soy celosa, que mi relación es conflictiva y que además ¿soy violenta? Bueno, yo diría que no, pero quiero el divorcio y estoy molesta y … ¡Ay! Si, debo confesarlo, quise golpearlo cuando lo vi en el restaurante. Así he visto a mi amiga con su novio… y ella ¡sí que es violenta!

“El primer paso será entonces, el mejoramiento de la autoestima a través de un claro conocimiento de las necesidades y requerimientos del subconsciente y de la personalidad, mejorando substancialmente el ánimo y la respuesta a las situaciones adversas. Pero la reconstrucción de un matrimonio o de una relación sentimental, en donde se ha perdido la confianza, requiere de un tratamiento muy profundo y recreativo, con el fin de restaurar la confianza perdida.”

– ¿Se puede restaurar la confianza perdida?

El libro parecía contestarle

“La confianza no depende de la persona depositaria, sino de la persona emitente. La arrogancia y el orgullo, son lamentables herramientas que utiliza la persona emitente para cubrir las huellas de su desconfianza y en ocasiones muestra una profunda inmadurez en su personalidad. La pérdida de esa confianza hacia la persona depositaria es el origen de los celos, pero la confianza nace desde el interior de la persona emitente y si ésta no tiene confianza en sí misma, tampoco puede tener confianza hacia otra persona.”

– Es decir, que mis celos ¿son causa de la desconfianza que tengo en mí misma?

“Perder esa desconfianza en uno mismo, es el primer paso y el más importante para recuperarse y eliminar los celos hacia la persona depositaria. Perdiendo, en este caso, se gana.”

– Perdiendo se gana, ¡qué interesante!

“Si la persona se aleja, es por su propia decisión. El hecho existe, la situación que ocasionó el evento también, todo muestra razones obvias y concretas, sin embargo, la decisión final es el resultado de la confianza en uno mismo y en las mil facetas que determinan esa situación y el valor que uno impone a cada una de esas facetas, el brillo que cada persona tiene y el reflejo de ese brillo en su actuar y en su proceder. Es conocido que las cicatrices nos recuerdan en donde estuvimos, no adónde vamos. Son las experiencias las que nos van formando y permiten a la galaxia de facetas reflejarse en cada acción y en cada paso que damos, la independencia y la individualidad de esas experiencias y de la persona que se refleja sus mil facetas.”

– ¡Somos diamantes! ¡Qué hermosa imagen!

“Perder desconfianza en uno mismo, es ganar confianza en los demás, perder incertidumbre, es ganar certeza, perder el miedo, es ganar fuerza y valor para enfrentar la vida con esperanza”.

El libro había terminado.

Ella se quedó sentada a la orilla de la cama, un extraño reflejo asomó a sus ojos, una nueva esperanza había renacido. Tomó su maleta y la llenó con algunos básicos, sin olvidar meter el libro dentro y salió a buscar a su marido. Sabía dónde encontrarlo.

– Hola, te estaba buscando, quiero hablar contigo
– Hola, yo…
– Espera, ya sé por qué me diste el libro
– ¿Lo leíste?
– Sí, completito
– ¿Te gustó?
– No puedo decirlo todavía, creo que tenemos que releerlo los dos, en esa cabaña que dijiste
– ¿Quieres ir conmigo?
– Sí, vamos. A ver qué pasa luego. Ahora solo quiero ir contigo y leer juntos este libro

FIN